Zorros, linces y la Dama de Elche

Los zorros también se alimentan de carroña
La caza del zorro no reduce su población, sino que la incrementa
La cinegética para el control de poblaciones, a veces no tiene sentido
Fotografía de un zoro (Vulpes vulpes). Imagen de <a href="https://pixabay.com/es/users/Erik_Karits-15012370/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=4808560">Erik Karits</a> en <a href="https://pixabay.com/es/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=4808560">Pixabay</a>.

Hace un tiempo viendo una entrevista humorística, el entrevistado decía que un zorro no sería capaz de comerse un sapo muerto, pero… ¿Esto es así? La carroña es una fuente de alimento muy barata energéticamente ya que no hay que esforzarse por cazarla. Por eso, la mayoría de mamíferos carnívoros consumen carroña como parte importante de su dieta. 

En la Península Ibérica se han monitoreado cientos de carroñas y en ellas se han detectado a lobos, osos, zorros, martas, garduñas y jabalís. Y todavía faltarían el tejón, el gato montés y el lince a quienes también se ha pillado infraganti comiendo cosas muertas .

Pero volvamos al zorro. Como ya os conté en este hilo, cuando la carroña es fácil de encontrar, los buitres son los que dominan la escena. En estas situaciones, sin embargo, el zorro es de las pocas especies capaces de sacarle provecho a esas carroñas monopolizadas por los buitres. Cuando analizamos las fotografías de las cámaras de fototrampeo, los zorros aparecen justo al amanecer o al atardecer, precisamente cuando los buitres no están aún activos. ¿Y qué pasa cuando no hay buitres? Pues el zorro ahí también sale ganando y aumenta su eficiencia como carroñero, como explica mi compañero Zebensui Morales-Reyes en este trabajo.

En la entrevista decían que la razón por la que el zorro no se comería un sapo muerto es por el peligro de contraer enfermedades. Y ahí si tenían algo de razón. Hay un refrán latino que dice «Canis caninam non est» o lo que es lo mismo, perro no come perro.  Y esto es bien cierto porque, si algo evitan los carnívoros (incluido el zorro), es comer carroña de otros carnívoros. ¿Y porque no habrían de comer carroña de carnívoros si hemos dicho que comen carroña en cuanto pueden? Según otro buen compañero, Marcos Moleón, comerte los restos de un animal muy cercano a ti filogenéticamente hablando, es peligroso ya que aumenta las probabilidades de que los parásitos o enfermedades que hayan afectado a ese individuo muerto, pasen a tu cuerpo cuando te lo comes.

Pero incluso sin comer otros carnívoros, el zorro es un ganador. En medio de la sexta extinción, el zorro ha conseguido extenderse por todo el mundo. En Eurasia ocupa desde el Ártico hasta los bordes del Sahara, remontando todo el Nilo. Desde Hoakido en Japón hasta Arabia. Por si fuera poco, ha sido introducido en Australia y América del norte donde se ha expandido sin control.

Área de distribución mundial del zorro.

Pero no lo ha tenido fácil. El zorro esta entre los mayores enemigos del ser humano desde tiempos inmemorables. No en vano, el imaginario popular lo recuerda como ladrón de gallinas y cuando usamos la expresión “meter al zorro en el gallinero” nos referimos a que el responsable de algo es precisamente quien más perjudica esa causa.

La enemistad es tal que el zorro es uno de los carnívoros que más conflictos genera al ser humano, tanto que en su área de distribución solo está superado por los grandes malos de la película, lobos y osos.

Uno de los sectores que más inquina tienen al zorro es el cinegético. Los cazadores argumentan que la predación del zorro sobre piezas de cada menor, entorpece su afición por la caza.  Esto conlleva que se permita el control letal de esta especie. Es decir, que se maten zorros con el único objetivo de eliminar su competencia ya que nosotros, por lo general tampoco comemos carne de carnívoros y las pieles hace mucho que dejaron de ser un negocio.

En nuestro país, esta situación genera de vez en cuando situaciones tan desagradables como que un cazador mate un lince ibérico argumentando que lo confundió con un zorro. Si habéis tenido alguna vez la suerte de admirar ambas especies, sabréis que se parecen como un huevo una castaña. La historia resulta poco creíble, pero le servirá como excusa en un juzgado. Criar un lince ibérico supone una fuerte inversión de dinero público (y esfuerzo) destinado a conservar nuestro patrimonio natural. Por eso, matar un lince es semejante a darle un martillazo a la Dama de Elche.

Lo peor de todo es que el lince es el mejor control de depredadores que puede existir. Ya en el año 1995, comprobaron que en Matasgordas, una finquita dentro del Parque Nacional de Doñana donde tuve el lujo de ver lince por primera vez, apenas se registran zorros, tejones ginetas o meloncillos. Este video muestra el trato que un lince dispensa a un zorro.

El año pasado, Pepe Jiménez, un excelente investigador con el que he tenido la suerte de colaborar, demostraba que allí donde se reintroducía el lince, descendía la densidad del resto de mesocarnivoros y por tanto ¡la cantidad de conejos depredados es menor!

Pero aún hay algo más triste en esta historia. Y es que matar zorros no sirve para nada. No controla su población. El zorro, como ya hemos dicho antes, es una especie triunfadora, y para ello ha desarrollado muchas estrategias, además de comer carroña.  Entre estas destaca el efecto de compensación. Cuando se reduce el número de zorros, desciende la competencia y aumenta el éxito reproductor de los supervivientes. Esto lleva a la situación paradójica: ¡¡¡matar zorros puede hacer crecer su población!!!

No solo eso, si no que al matar zorros se dejan territorios vacíos, lo que favorece los procesos de inmigración. Así, en vez de tener un zorro territorial, podemos encontrarnos con varios dispersantes compitiendo por el hueco que quedo libre.  El grupo de carnívoros de la SECEM lo cuenta mejor aquí.

Esta capacidad de resiliencia zorruna se ha comprobado en todo el mundo. En Australia, se introdujo el zorro para luchar contra la superpoblación del previamente introducido conejo, el resultado fue un descontrol de la población de zorro y un aumento en las perdidas de corderos por predación.

Primera lección de esto: introducir una especie para controlar otra especie invasora SIEMPRE acaba mal. Las campañas australianas contra el zorro han llevado a medidas extremas como el envenenamiento masivo que reduce la población en un 95% y, aun así, ¡las áreas envenenadas vuelven a ser colonizadas el otoño siguiente!

En Inglaterra, donde la guerra contra el zorro es milenaria, y donde hasta hace poco se permitía la infame caza del zorro con rehalas de sabuesos, se ha comprobado que la prohibición de esta cruel práctica no ha supuesto un aumento de la población de zorros. Es decir, cazar zorros no estaba sirviendo para nada.

Con esto quiero dejar claro que, aunque no estoy para nada en contra del control letal de especies problemáticas (ya hablaremos de las cotorras y los jabalís otro día), ni siquiera de la caza, sí que creo que hay que combatir y acabar con las prácticas cinegéticas que se fundamentan en creencias casi mitológicas que no están respaldadas por la ciencia y que, para colmo, ponen en riesgo nuestro patrimonio natural.

Eneko Arrondo

Investigador de la Estación Biológica de Doñana.

Doctor en Biología de la Conservación.