Cuando el lector comience a leer este post es posible que piense “este tío quiere venderme la moto de restaurar para cazar, será …”. Bueno, calma, déjame argumentar la idea.

El sector cinegético vivía de los servicios de aprovisionamiento ofrecidos por los agroecosistemas, es decir, necesitaba de las poblaciones cinegéticas de su acotado para poder desarrollar su actividad.

Conejo de monte (Oryctolagus cuniculus), especie de caza menor. Con aerogenerador al fondo

Conejo de monte (Oryctolagus cuniculus cuniculus), especie de caza menor. Fuente:Julio Sanchez.

Os preguntaréis, ¿por qué hablo en pasado? bueno, porque como dicen muchos abuelos en nuestros pueblos, “ya no hay caza menor”. Son muchas las historias que se pueden escuchar de los centenares, miles, millones de conejos, liebres y perdices que había en la “era de tío…” o en la “umbría de la tía…”, pero en cambio, esas mismas personas te cuentan que “ahora, lo raro es echarse la escopeta a la cara”. La caza llamada menuda es testimonial en la mayor parte de nuestros campos, es así. Los cambios en los usos del territorio (intensificación agraria, abandono de tierras agrícolas, falta de ganado en el monte, etc) han modificado completamente la estructura y dinámica de los agrosistemas mediterráneos, hasta el punto de provocar extinciones locales de especies tan abundantes como el conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) y la perdiz roja (Alectoris rufa). La situación es alarmante.

Los cazadores tradicionalmente han acusado a las “alimañas“ de estar detrás de este bajón poblacional. Ahora, sin embargo, poco a poco con los años, el colectivo ha empezado a admitir que los cambios en el campo podrían ser los verdaderos causantes de esta situación.

A la vez, con la caza mayor (jabalíes, ciervos, corzos, muflones, gamos) ocurre lo contrario, sus poblaciones han experimentado un espectacular crecimiento por la matorralización y la falta de superdepredadores ibéricos (lobo ibérico, lince ibérico y oso pardo). En este caso, este subsector cinegético se ha visto favorecido, tanto que ellos mismo han promovido repoblaciones descontroladas y granjas encubiertas.

Aparquemos la situación de la caza mayor para otro post, y centrémonos en los conejos y perdices.

Restaurar para cazar, casi pero no

La falta de caza menor tiene dos impactos principales:

  1. El socioeconómico, menor número de cotos sociales de caza menor y descenso en el número de ingresos.
  2. El ecológico, ya que son especies con estrategia “r”, alimentan a nuestra diversa comunidad de depredadores, muchos de ellos de gran interés para la conservación como el lince ibérico o el águila imperial ibérica.

Ante esta situación surge la oportunidad para la restauración ecológica. Primero porque se podrían recuperar poblaciones de especies muy importantes para el agroecosistema mediterráneo, tanto las propias cinegéticas como sus depredadores. Segundo porque la restauración de ese capital natural permitiría el uso social y económico de servicios ecosistémicos, tanto del sector cinegético como de otros sectores.

Volvamos al principio: restaurar para cazar. Bueno, podría parecer que te estoy vendiendo la dichosa moto pero realmente, lo que yo veo, es una posibilidad de aumentar unas poblaciones muy pequeñas expuestas a una estocasticidad peligrosa, como es la propia acción de caza. El que un paisano abata alguna perdiz o conejo no explica la situación en general de estas dos especies, pero si puede ayudar a que las poblaciones se fragmenten aún más con el resultado final de extinciones locales.

La administración no toma cartas en el asunto, ni prohíbe ni controla la caza en ciertas comarcas, ni promueve ni obliga a realizar mejoras de hábitats, simplemente se lava las manos. Así pues, dada la realidad (se va a seguir cazando sí o sí), creo que la restauración ecológica puede ayudar, conjuntamente, a mantener la actividad de la caza en nuestras zonas rurales y favorecer las poblaciones de las especies cinegéticas de caza menor. Favorezcamos que las poblaciones se recuperen para que su caza no aumente el riesgo de extinciones locales.

Pero supongamos que sigo sin convencerte, llegados a este puto te animo a que leas el siguiente apartado.

Prácticas tradicionales para la “recuperación” de poblaciones de caza menor

Tradicionalmente, en el ámbito cinegético, se han llevado a cabo numerosas actuaciones para mejorar estas poblaciones cinegéticas de caza menor. El fracaso ha sido el denominador común, pues las acciones no se han basado en Restauración Ecológica. A continuación expongo algunos de estos errores.

Comedero y bebedero de pastico en un coto de caza menor

Ejemplo de mala praxis en el diseño, colocación y mantenimiento de un punto de agua y
alimento en un coto de caza menor de la provincia de Toledo. Fuente: Julio Sánchez.

  • Falta o error en el diagnóstico de cuáles son las causas del bajo número de efectivos de la especie(s) diana.
  • Poca transparencia en la metodología utilizada y/o resultados obtenidos.
  • Aplicación de fórmulas generales a problemas específicos y sin tener en cuenta la adaptación al ecosistema o lugar concreto de ejecución.
  • Ejecución de repoblaciones y translocaciones innecesarias o mal planteadas.
  • Excesivos esfuerzos en el control de depredadores, al considerarlos tradicionalmente como una causa muy importante del declive de las especies de caza menor.
  • Insuficientes acciones para la mejora de la vegetación natural y la conectividad funcional del paisaje.
  • Falta de seguimiento de los resultados.

Los cazadores están intentando, generalmente sin asesoramiento, recuperar las poblaciones de conejos y perdices. En este contexto, los profesionales que nos dedicamos a la restauración de ecosistemas podemos ayudar a que las actuaciones se hagan con criterios ecológicos, con resultados satisfactorios y cuantificables.

Es cierto que con nuestra colaboración favoreceríamos la acción de cazar, de matar, pero también es verdad que si los proyectos tuvieran éxito, habría conejos y perdices para todos, tanto para cazadores como depredadores, y a larga estaríamos mejorando la salud del ecosistema.

Proyectos de Restauración Ecológica para la caza menor: propuesta de trabajo

Los proyectos de restauración de poblaciones cinegéticas deben favorecer una caza extensiva, basada en el principio de la sostenibilidad a largo plazo y alejado, por tanto, de cualquier otra tipo de medida o acción que nada tenga que ver con la restauración ecológica. Está claro que la ejecución de este tipo de proyectos debería ir acompañada de unas medidas de gestión cinegética coherentes.

La restauración de las poblaciones cinegéticas no es fácil e implica llevar a cabo una metodología de trabajo basada en el concepto de I+D+I.

  • Investigación: existe suficiente información científica sobre el funcionamiento de los ecosistemas y las especies objetivo de nuestras actuaciones (especies clave en el agrosistema y con intereses económicos asociados).
  • Desarrollo: aplicar el conocimiento científico existente al diseño y ejecución de las actuaciones de restauración.
  • Innovación: con los resultados en la mano, teniendo en cuenta la complejidad de los sistemas y la interacción con las actuaciones ejecutadas, se rediseña las propuestas de restauración en un bucle de retroalimentación positiva de la metodología de trabajo.

Una metodología de trabajo de proyectos de restauración ecológica para poblaciones de caza menor podría basarse en el siguiente esquema:

Diagrama del I+D+I en Restauracion ecológica de ecosistemas en cotos de caza menor

Diagrama del I+D+I en Restauracion ecológica de ecosistemas en cotos de caza. Fuente: Julio Sánchez

En conclusión, el mundo cinegético es un sector en el que la Restauración Ecológica tiene mucho que decir. Hay suficiente base científico-técnica como para que se implementen actuaciones y medidas de recuperación del conejo de monte o la perdiz roja. Además, el trabajar con el colectivo cinegético permitiría abrir un nuevo camino, el de colaboración entre caza y conservación. Apasionante.