El conejo, que en algunas zonas de España es considerado como una plaga (pese a ser una especie autóctona), en otras, o se ha extinguido o se encuentra en unas densidades muy bajas. Los motivos son fundamentalmente dos: las enfermedades y los cambios en los usos del suelo. En caso del Parque Nacional de Cabañeros, la situación del conejo es especialmente preocupante. Además de esas causas generales para toda la Península, hay que sumarle las propias condiciones ambientales de Cabañeros, que dificultan aún más la recuperación de la especie.

Es importante señalar que la recuperación del conejo de monte es de vital importancia para el ecosistema mediterráneo, pues además de ser especie clave (alimento principal de nuestros carnívoros) también es ingeniera del paisaje (modifica las condiciones ambientales y la disponibilidad de recursos). No podemos olvidar que el retorno del lince ibérico a Cabañeros depende directamente de que seamos capaces de recuperar al conejo de monte.

Breves apuntes sobre la problemática del conejo en la Península Ibérica

El conejo de monte ha sufrido en la Península Ibérica (tierra de conejos según los romanos) un descenso alarmante por dos factores fundamentales:

  • Impacto de enfermedades: mixomatosis y enfermedad hemorrágica (RHD). La aparición, por orden cronológico, de la mixomatosis (1950), la RHD “clásica” (1990) y la RHD “variante francesa” (2013) han puesto al borde del precipicio a la especie.
  • Cambios en el hábitat del conejo. El ecosistema agrario está evolucionando hacia dos extremos, siendo cada vez más escasos los enclaves que cuentan con un agrosistema en mosaico.
    • Por un lado tenemos comarcas con una agricultura cada vez más intensiva: mecanización de los trabajos, concentración parcelaria, fitosanitarios, PAC, eliminación de ribazos, homogenización de cultivos, roturaciones ilegales, regadío, etc. Es decir, se ha eliminado el “refugio” para la especie, las teselas de vegetación natural (matorral).
    • Matorralización de tierras agrícolas por el éxodo rural en zonas de serranía. Ha disminuido, por tanto, la disponibilidad de alimento.

Seguro que alguno de vosotros echaréis en falta algún otro factor, más concretamente el de “los depredadores generalistas” y el de la caza. Bueno, ante estas inquietudes tengo que decir que con respecto a la “trampa de la depredación”* no lo comparto, no creo que zorros y meloncillos sean los malos de la película. Por otro lado, la caza puede haber ayudado a provocar extinciones locales pero ni mucho menos es el mayor causante de su desaparición.

El conejo de monte en Cabañeros lo tiene “chungo”

En Cabañeros, a los dos factores mencionados en el punto anterior, se suma las condiciones ambientales del propio espacio, las cuales, como detallaré no son las mejores para la especie.

1. Las enfermedades han diezmado las poblaciones de conejo en Cabañeros

La principal dificultad para recuperar el conejo radica en que las enfermedades han impactado en la propia línea de flotación de la especie, en su estrategia de supervivencia. Las epizootias han causado tal número de bajas que las poblaciones se han desconectado unas de otras, favoreciendo, por tanto, las extinciones locales. La especie, después de la aparición de las enfermedades, no se desenvuelve igual en su medio. Su estrategia “r” se ha visto afectada.

El efecto negativo de las enfermedades es cíclico. Cada cierto tiempo la mixomatosis y las dos variantes de las RHD (en estudio) circulan por las poblaciones, generando distinto número de bajas en función de las condiciones ambientales, el tipo de cepa de los virus y la resistencia adquirida por parte de las poblaciones naturales.

Actualmente la respuesta de las poblaciones ante las enfermedades es diferente. Entender la epidemiología de estas es fundamental para poder llevar a cabo un exitoso proyecto de restauración ecológica del conejo. Animamos a conocer los trabajos de investigación del Dr. Carlos Calvete acerca de la relación del conejo con las enfermedades.

2. El suelo de Cabañeros no facilita la excavación del conejo

A estos episodios de muerte por enfermedad hay que sumar la “dificultad natural” para construir sus madrigueras. Aunque la gente piensa que los conejos son capaces de excavar “metros de galería en una noche” (yo lo he escuchado), lo cierto es que no están especialmente preparados para ello. El éxito de sus “obras de arte” depende del trabajo de distintas generaciones.

Cuando el sustrato es óptimo, la creación de vivares (madrigueras complejas ocupadas por grupos familiares) es muy común. La gazapera inicial excavada por una hembra (galería unidireccional de un sólo cubil, de poca profundidad y expuesta a depredadores y encharcamiento) acaba convirtiéndose, gracias al trabajo de todo un árbol genealógico, en un entramado complejo de numerosos túneles, el vivar. Estos laberintos son castillos fortificados para los conejos. Se construyen gracias al trabajo intergeneracional, y no al de un sólo individuo.

En cambio, cuando el suelo NO es el adecuado para la excavación (pedregosidad elevada, poca profundidad y/o dureza), al conejo le resulta bastante difícil construir esos vivares. En estos casos, es muy común que las hembras paran en las gazaperas y las abandonen. La razón está en un balance coste-beneficio. La poca excavabilidad (gasto energético) y el riesgo de depredación (mayor exposición a la depredación, más tiempo excavando) hacen que el individuo elija la opción de construir otra gazapera para la siguiente camada. Es cierto que en algunas ocasiones esas gazaperas si se convierten en vivares, pero es una excepción, un boleto premiado de un sorteo con poca probabilidad. En ese caso, esos vivares valen oro, pues aumentan significativamente la densidad de conejo en los alrededores. El mantenimiento de estos vivares es vital para la especie en este tipo de enclaves.

Por tanto para el conejo de monte, el factor limitante del ecosistema es la tipología del sustrato excavable. Cierto es que la alimentación, disponibilidad y calidad, condiciona el número de camadas y crías, pero para mí eso es secundario.

¿Y cómo es el suelo en Cabañeros?

Estás pensando bien, no es ni mucho menos el óptimo. Suelen tener una gran pedregosidad (densidad y tamaño de las piedras muy significativas), una dureza elevada y/o poca profundidad. Al conejo le cuesta mucho construir vivares naturales. Es difícil encontrarlos y están asociados, conjuntamente, a litologías específicas, matorrales concretos y unas condiciones muy localizadas (a veces antrópicas). Es decir, el conejo, en Cabañeros, se reproduce mayoritariamente en gazaperas de un sólo uso.

3. Los cambios en el paisaje de Cabañeros han perjudicado al conejo

Cabañeros es un Parque Nacional con una historia reciente muy interesante desde el punto de vista de la conservación y los cambios en el paisaje. Sin entrar en toda la evolución burocrático-administrativa, en lo últimos 30 años Cabañeros ha sufrido una serie de cambios en los usos que han condicionado la biodiversidad y la propia dinámica de los ecosistemas. Así, en la zona pública del Parque, en 70 años, la actividad antrópica ha cambiado mucho, afectando al conejo de monte.

En la siguiente animación podéis detectar los cambios en el paisaje acontecidos en el paraje “Casa del Labradillo” en los últimos 70 años. Las imágenes pertenecen a fotografías aéreas de distintos años.

Evolución del paisaje de Cabañeros 1949 -2015

Como habéis podido observar, para una misma zona, en escasos años, se han experimentado distintos grados de intervención antrópica, con las implicaciones que eso conlleva para los ecosistemas. Así, en la actual zona pública del Parque, la evolución de la actividad ha sido la siguiente:

  • 1900-1955: en Cabañeros viven familias en distintas casas del Parque. En esos años se lleva a cabo una economía de subsistencia, con quemas y con la posterior puesta en cultivo a través de medios no mecánicos. Además se llevaban a cabo otras actividades tradicionales de la época: ganadería extensiva (pastores dispersados por el Parque en las llamadas “cabañas o chozos”), extracción de leñas, caza, carboneo o trampeo. En esta época, la acción humana favorecía al conejo de monte, pues generaba un paisaje en mosaico. Además, por entonces, había poco ungulado en Cabañeros (aunque parezca mentira) que pudiera competir por el alimento o depredar las gazaperas (en el caso del jabalí).
Montería - cacería organizada en una de las rañas de Cabañeros en 1930

Monteros en una cacería en las rañas de Cabañeros (1930). Fotógrafo: Diego González Ragel (Archivo Ragel). Fuente: Carlos González Ximénez.

  • 1955-1980. Se produce una intensificación de las actividades agrarias y forestales como consecuencia de su declaración, en 1955, de “finca manifiestamente mejorable”. Como consecuencia de ello, se realizaron importantes plantaciones de pino y eucalipto con una visión productora. Además, se desmantelaron, con medios mecánicos, las rañas (zonas más llanas) para cultivo. Se intensificó la ganadería con vacas y ovejas. Todas estas actividades trajeron una homogenización del paisaje. Por un lado, en el monte no había ni cultivos ni pastizales, por otro, en la raña, las grandes extensiones de cultivo y los tractores impedía la existencia de matorral. Así el conejo se vio perjudicado en su conjunto, si bien, localmente pudo verse favorecido (borde entre monte y cultivos).
  • Años 80-actualidad. En los años 80, el Ministerio de Defensa compra parte de la finca de Cabañeros para utilizar las rañas como campo de tiro. Tras una gran movilización ciudadana, se rectifica y esa zona pasa a ser Parque Natural primero y Parque Nacional después. En estos años, los terrenos han dejado de tener actividad antrópica alguna, exceptuando, claro está la de turismo y gestión del espacio para la protección y conservación de esos valores y ecosistemas que valora.

Así, en estos momentos, después de toda esa historia y evolución de los usos, cuando nos adentramos en sus límites podemos diferenciar dos grandes unidades paisajísticas:

  1. Monte. Aquí el conejo encuentra el refugio, pero el alimento es escaso y de mala calidad. Además la matorralización de las áreas que se quemaban se ha producido, en gran medida, gracias a la jara pringosa (Cistus ladanifer), especie que ofrece poca calidad del refugio. Sin embargo, otras especies más interesantes como brezos, mirtos o lentiscos no han colonizados estos lugares.
  2. Pastizal con arbolado disperso. Aunque existe una mayor disponibilidad de alimento el refugio es nulo. La falta de cultivos impide al conejo diversificar la disponibilidad de alimento durante el año (menos camadas).

En definitiva, los cambios en los usos del Parque NO han favorecido al conejo, pues la intervención humana, que generaba heterogeneidad ambiental, ha cesado. Tenemos un paisaje mucho más homogéneo y de peor calidad para el conejo. Sólo en los piedemontes, en el borde entre monte y raña, es donde el conejo encuentra el equilibrio entre refugio/alimento. Es aquí dónde vamos a encontrar las mejores poblaciones, siempre y cuando acompañe la naturaleza del sustrato. Además, con estos cambios de usos el conejo se enfrenta a una densidad de ungulados muy elevada y una comunidad de depredadores diversa.

4. Todo en contra del conejo en Cabañeros

Llegados a este punto es cuando la cosa se complica. La realidad es tan compleja que parece que alguien ha puesto en marcha un plan maquiavélico para hacer desaparecer al conejo de Cabañeros. Los efectos negativos de las enfermedades se enlazan con la poca idoneidad del suelo y los cambios del paisaje en un ciclo de retroalimentación negativo. El resultado final es el de pequeñas poblaciones de conejo que se encuentran aisladas unas de otras y que no remontan gracias al efecto conjunto de enfermedades, suelo y paisaje.

Para entender la complejidad de las interrelaciones entre estos factores voy a intentar describir una situación hipotética de la forma más didáctica posible. Pero será en otro post ;-).

* Glosario de términos

Epizootia: enfermedad que se propaga con rapidez en un momento y territorio determinado y que afecta a gran número de individuos.

Epizootia: enfermedad que se propaga con rapidez en un momento y territorio determinado y que afecta a gran número de individuos.

Queremos agradecer a Carlos González Ximénez su amabilidad para poder publicar fotografía de la montería en la raña de Cabañeros.