La tierra sufre grandes procesos de degradación ambiental. La forma tradicional de afrontar este problema es aumentando la conservación de las zonas “no degradadas”. Sin embargo, es necesario un enfoque de restauración de ecosistemas para recuperar servicios ecosistémicos debilitados o perdidos. Cuando se habla de Restauración Ecológica o Restauración de Ecosistemas hay muchas falsas creencias, mitos o incluso dogmas sobre lo que es restaurar un ecosistema. Ya en 2005 Hilderbrand habló de esto en un artículo en “Ecology and Society” y hoy nosotros te traemos un resumen del mismo, añadiendo nuestro punto de vista.

Hilderbrand, R.H., Watts, A.C., & Randle, A.M. 2005. The myths of restoration ecology. Ecology and Society 10(1):19

Hilderbrand y colaboradores identificaron 5 mitos o falsos dogmas. Uno de ellos, se centra en marcar metas de la restauración y cómo evaluarlas. Mientras que los otros 4, íntimamente relacionados con el primero, se basan en los procesos de restauración y gestión de la misma

La definición de estos conceptos tiene sentido desde el punto de vista que ayudan a comprender y organizar sistemas complejos, como son los ecosistemas. Sin embargo, simplificar mucho la realidad puede llevarnos a conceptos equivocados y caer en dogmas erróneos

Comprender estos mitos, dogmas, creencias o simplificación de conceptos complejos, nos ayudará a diseñar e implementar estrategias coherentes de restauración ecológica de ecosistemas, reduciendo las posibilidades de fracaso en los proyectos.

1. El mito de la copia del ecosistema primitivo o prístino

Hilderbrand y colaboradores llamaron a este mito como “El mito de la copia del carbono”, pero quizá sea menos intuitivo para un artículo de divulgación.

Es sencillo de entender, se basa en plantear que un ecosistema restaurado va a volver a su estado original. Pero… ¿esta afirmación tiene sentido? La respuesta es NO, y vamos a comprender por qué.

Este dogma se apoya en gran medida en una visión Clementsiana de los ecosistemas. Es decir, que todo ecosistema va a ir superando una etapas de madurez hasta llegar a un momento clímax o punto final estable. Este argumento engancha con la idea de vegetación potencial como marco de referencia. Incluso hay quien define la restauración de ecosistemas como acelerar la sucesión. No obstante, esta visión lineal de la sucesión con un punto final conocido, se ha demostrado que es falsa, ya que un ecosistema puede tener muchos estados metaestable, incluso con las mismas especies. Por tanto, no tiene sentido plantear la restauración ecológica como “acelerar la sucesión” o “llegar a un punto final”

Tampoco se puede obviar que todo ecosistema degradado tiene nuevos condicionantes físico-químicos, tanto locales como regionales, e incluso globales. Por lo tanto, nunca podrá ser como antes.

Además, habrán desaparecido especies y entrado otras. Por tanto, si ya hemos comentado que con las mismas piezas (especies), se pueden llegar a diferentes estados metaestables, imagina si las especies han cambiado…

Por último, y si aun no te hemos convencido, intenta responder a estas preguntas. ¿Cual es el estado pre-degradación? ¿Hace 10 años? ¿Hace 100? ¿Hace 1000? De hecho, algunos ecosistemas son como son actualmente porque fueron degradados hace 100, 500 o 1000 años. Por ejemplo, para restaurar una degradación en el entorno de las minas de Riotinto (Huelva) ¿volvemos a los que había hace 100 años? o ¿vamos a tiempos previos a los Romanos?, o incluso ¿al de los Tartesios o Fenicios?. Todas estas civilizaciones explotaron esas minas, por lo que ¿cuál es el marco temporal que debemos fijar?

El fin último de la restauración ecológica es recuperar espacios degradados para tener ecosistemas resilientes y que sean capaces de ofrecer ciertos servicios ecosistémicos. Es decir, no se trata de recuperar un ecosistema prístino o primigenio , ya que es imposible. Así que elimínalo de tu mente, ¡fuera!

1.1¿A quién le interesa el dogma de recuperar un ecosistema prístino?

Aun con estos argumentos tan fuertes en contra de este mito, hay quien lo utiliza en su beneficio. Por ejemplo, a algunas empresas mineras o una madereras les puede interesar decir que un ecosistema puede volver a su estado original, aun sin ser cierto, para intentar tener menos rechazo social.

Incluso a empresas que se dedican a temas relacionados con la restauración, también les puede venir bien este dogma para justificar ciertas actuación, aunque sean poco efectivas o contraproducentes. Por ejemplo, una empresa que se dedique a hacer plantaciones forestales, necesita que la solución sea plantar esa “vegetación potencial de punto final” o para acelerar la sucesión. Otro ejemplo podría ser el de un vivero que nos venda 15 especies distintas para que las plantemos, ya que es lo que había antes de la perturbación.

Por último mencionar a algunos políticos o gestores, que les viene mejor decir “Esto volverá a ser lo que era antes” que decir “la Restauración Ecológica ayudará a recuperar ciertos servicios ecosistémicos, pero este ecosistema nunca podrá ser como antes”.

No obstante, la misión de un restaurador de ecosistemas es fundamental para recuperar o potenciar ciertos servicios ecosistémicos, aunque siendo consciente que nunca se recuperará lo que existía previamente.

Esperemos que si has leído hasta aquí, al menos a ti, no te vendan gato por liebre cuando te digan “hay que recuperar el ecosistema tal cuál estaba”.

2. El mito de que recuperando la estructura física de un ecosistemas, se recupera su función biológica.

El llamado por Hilderbrand y colaboradores como “mito del Campo de Sueños” se basa en que recuperando la estructura física de un ecosistema, la composición biológica y la función del mismo se autorrecuperarán.

Es cierto que una restauración efectiva de la parte física es la base para la recuperación de la estructura biológica. Pero la restauración geomorfológica no siempre asegura la recuperación de una estructura biológica, y menos aún, de una función ecosistémica degradada o debilitada.

Este mito es muy común en la recuperación de humedales o ríos. En ellos se suele hacer hincapié en recrear las condiciones físicas, prestando poca atención a los condicionantes biológicos. Obviamente, la estructura física de estos ecosistemas son la base del mismo, pero de ahí a plantear que con solo restaurar la parte física del ecosistema es suficiente, hay un largo trecho. Por ejemplo, puede haber limitaciones en la llegada de especies y/o en el establecimiento de las mismas, que no se solucionen actuando solo sobre la geomorfología. Y si hay problemas para la restauración de la parte biótica, los habrá en la recuperación de los servicios ecosistémicos que ofrecen estos humedales o ríos.

Cuidado con no irnos al otro extremo, y pensar que nunca funciona restaurar solo la parte geomorfológica. Ya que los ejemplos de restauraciones exitosas actuando solamente sobre los condicionantes físicos, y permitiendo una autoorganización de la parte biológica, son muchos. Pero que haya ejemplos exitosos, no puede convertir esto en un dogma que vaya a funcionar siempre.

3. El mito del despegue rápido de los ecosistemas degradados

Este mito se basa en que todo proceso ecológico se puede acelerar actuando sobre procesos claves, como la llegada de especies, el ensamblaje de las comunidades o la dispersión. Lo de actuar a nivel de procesos clave, está genial desde el punto de vista de la restauración ecológica, pero el problema viene cuando simplificamos tanto que creemos que plantando 4 o 10 especies en un ecosistema muy degradado, ya hemos solucionado un problema de colonización. Aparte de las 4 especies, hay que tener en cuenta la polinización, la dispersión, la relación de estas especies con el medio físico y con otras especies, etc, etc, etc.

Este dogma viene muy bien para intentar justificar ciertas acciones. Por ejemplo, en restauración de taludes de carretera se usan hidrosiembras con el objetivo de estabilizar los taludes frentes a la erosión (aunque está demostrado que esas semillas sirven de muy poco). Pero ya de paso se dice que sirven como “starter” o iniciadores de la sucesión. El primer objetivo es muy lícito, pero con el segundo entramos ya en este mito del que estamos hablando, y que no tiene porque ser cierto. E incluso creer este mito puede llevar a situaciones donde la especies introducidas “secuestren la sucesión” y mantengan al sistema en un estado que podríamos considerar como degradado, por mantener solo las especies introducidas para acelerar la sucesión.

4. El mito del libro de recetas para la restauración ecológica

Mucha gente cree que en restauración ecológica hay un libro de recetas maestras y que los restauradores las aplicaremos, como el ingeniero que calcula los pilares de un puente, sin apenas margen de error. Pues siento decir, e Hilderbrand también, que este ese libro no existe.

Este mito se basa en que para similares condiciones físicas o biológicas, la respuesta va a ser idéntica. Bueno, quizá pueda ser cierto, pero es que la idiosincracia de cada ecosistema hace imposible conocer y controlar absolutamente todos los condicionantes físicos y biológicos del mismo. Por tanto, la solución siempre pasa por una pequeña investigación previa y una gestión adaptativa de los proyectos de restauración.

Ojo, que con esto no estamos diciendo que no puedan existir libros de Restauración Ecológica, que los hay y muy buenos. Sino que estos libros pueden dar pautas, hablar de los procesos clave a estudiar y restaurar, pero nunca dar recetas cerradas, cual libro de cocina.

5. El mito del control infinito o el complejo de Sísifo en la gestión de los ecosistemas

Este mito asume que tenemos el conocimiento y las habilidades necesarias para controlar activamente la estructura y la función de un ecosistema. Y por tanto, manejar y mantener un estado estable del mismo de manera indefinida. Sin embargo este control disminuye la resiliencia del sistema, reduciendo la capacidad de adaptación antes perturbaciones. Este control, a la larga, deriva indudablemente en estados degradados o indeseables, ya que somos incapaces de controlar absolutamente todos los potenciales factores de perturbación.

El símil con el complejo de Sísifo tiene total sentido. Sísifo empujaba una piedra colina arriba, pero cuando llegaba arriba se le caía y tenía que volver a empezar. Si pensamos que podemos llevar el ecosistema hasta “nuestra cima deseada” llegará una perturbación, nos lo volverá a degradar y tendremos que volver a empezar.

Los ejemplos de este complejo de Sísifo en sistemas naturales son variados:

  • Hay veces que en los ríos y arroyos urbanos se intentan realizar restauraciones técnica, con el objetivo de mantener un ecosistema de manera estable. Por ejemplo canalizándolos para que no erosionen ni generen daños. Esto podría hacerse con técnicas totalmente ingenieriles, con técnicas cercanas a la restauración ecológica o con una mezcla de ambas. Y aunque se haga con buen criterio ecológico, hay un problema de base: la palabra “estable”. Un río por definición nunca es estable y su dinámica natural es estar en continuo cambio. Así que, o asumimos y gestionamos que los ríos son dinámicos y con perturbaciones, o nunca se conseguirá una verdadera restauración del mismo. Cayendo en el complejo de Sísifo.
  • Otro ejemplo, son las restauraciones ecológicas planteadas en costas y playas. Siempre tendremos temporales que metan una gran perturbación al sistema y pongan patas arriba nuestra visión de la costa. De nuevo, o asumimos que una costa tiene esas perturbaciones, o un gran temporal hará que la piedra de Sísifo vaya colina abajo de nuevo.
  • Por cambiar de ejemplo, vamos a irnos a las especies raras (es decir, las poco abundantes). Si una especie es poco abundante en un ecosistema es por algo. Si mediante siembras o reintroducciones aumentamos su abundancia, sin focalizar en los factores que determinan su rareza, Sísifo actuará y nos volvera a bajar la piedra, volviendo a tener una especie rara. Un ejemplo de esto puede pasar en Cabañeros con la reintroducción del lince. El lince se podría considerar una especie rara en Cabañeros, ya que aunque está cerca, no se establece en el Parque Nacional, pero casi seguro que sí se da dado algún paseo por allí de vez en cuando. Pero si en una reintroducción, no nos fijamos antes en los factores de su rareza (o no existencia mejor dicho), como es la frágil situación del conejo en Cabañeros, el lince volverá a desaparecer.

Antes de terminar con este mito, vamos a focalizar sobre otro factor determinante en toda restauración: El dinero disponible. Muchos de estos estados inestables se consiguen mantener un tiempo más o menos estables, y salvando pequeñas perturbaciones, a base de meterles recursos económicos y personales. Por tanto, no tenemos un ecosistema estable, sino más bien “un parque” que necesita recursos de manera continuada. Eso NO es restauración ecológica. Pero es que además, ante una gran perturbación, ni ese gasto de recursos nos hará mantener el ecosistema en el estado inestable que lo queríamos mantener.

Reflexión final sobre el papel de los mitos en la restauración ecológica

Los mitos de los que hemos hablado tienen sentido desde el momento que son una simplificación que ayuda a entender y organizar sistemas y procesos complejos. Son hipotéticos puntos de partida que siempre hay que valorar para los proyectos de restauración y manejo de ecosistemas degradados.

Los restauradores de ecosistemas tienen que saber jugar con esos conceptos, pero sin llegar a aplicarlos como dogmas, sino como herramientas que en conjunto sirven para un fin: Restaurar un ecosistema degradado y que este sea resiliente.

En restauración ecológica de ecosistemas, no podemos afirmar que 1+1=2 (dogma) sino que puede ser 1.8, 3, 0.5 o 6. Por tanto, nuestro “dogma” tiene que ser la recuperación de servicios ecosistémicos a través de ecosistemas resilientes.

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