Un equipo del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) ha demostrado mediante telemetría GPS que casi dos de cada tres eventos de alimentación de los buitres leonados adultos ocurren en sistemas ganaderos extensivos y semi-extensivos del norte de España. La investigación, que monitorizó durante tres años el comportamiento trófico de diez ejemplares, confirma que la ganadería tradicional continúa siendo el pilar alimentario de la especie pese al incremento de fuentes artificiales como vertederos y muladares.
El dilema de la disponibilidad trófica
Los buitres desempeñan un servicio ecosistémico crucial: la eliminación rápida de cadáveres animales previene la propagación de patógenos, reduce las emisiones derivadas de la gestión de restos ganaderos y mantiene el equilibrio en las redes tróficas. Sin embargo, este vínculo ecológico ancestral entre carroñeros y paisajes ganaderos ha sufrido transformaciones profundas en las últimas décadas.
Las normativas sanitarias europeas, sumadas al abandono progresivo de la ganadería extensiva en áreas de montaña, han reducido drásticamente la disponibilidad de biomasa carroñera en el medio natural. Como respuesta compensatoria, las administraciones han establecido comederos suplementarios (muladares), mientras que los propios buitres han incorporado vertederos urbanos y explotaciones ganaderas intensivas a su espectro trófico.
La pregunta que planteaba este nuevo escenario era evidente: ¿hasta qué punto dependen realmente los buitres de estas fuentes artificiales y predecibles? ¿Qué papel mantiene la ganadería tradicional en su ecología trófica?
Metodología: tecnología GPS al servicio de la ecología del movimiento
Para responder estas cuestiones, el Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del IREC (centro mixto del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha) equipó a diez buitres leonados (Gyps fulvus) adultos del norte de España con emisores GPS de alta resolución y acelerómetros triaxiales.
Esta instrumentación permitió registrar con precisión espaciotemporal dónde y cuándo se alimentaban las aves durante un ciclo completo de tres años. El análisis discriminó distintas categorías de recursos tróficos: pastos de montaña con ganadería extensiva, explotaciones semi-extensivas, granjas intensivas, muladares autorizados y vertederos urbanos. Los investigadores también consideraron la fenología reproductiva, diferenciando entre la época de cría —cuando los adultos deben permanecer cerca de las colonias— y los periodos no reproductivos.
España alberga aproximadamente el 90% de la población reproductora europea de buitre leonado, lo que convierte al país en un escenario clave para entender la viabilidad futura de la especie ante los cambios en el uso del territorio.
Resultados: primacía de los sistemas extensivos
Los datos son contundentes: el 64% de los eventos potenciales de alimentación (PFEs, por sus siglas en inglés) se registraron en sistemas ganaderos extensivos o semi-extensivos. Dentro de estos ambientes, los pastos de montaña donde pasta ganado ovino y equino fueron los más frecuentados. Por el contrario, solo el 36% de los recursos procedieron de entornos artificiales o altamente predecibles: vertederos, comederos suplementarios y granjas intensivas.
Las explotaciones porcinas intensivas, aunque presentes en el área de estudio, tuvieron un peso muy reducido en la dieta de los buitres monitorizados. Este dato contrasta con la percepción de que la disponibilidad de biomasa en granjas industriales podría estar modificando sustancialmente los patrones tróficos de los carroñeros.
Durante la fase de incubación, cuando los buitres deben optimizar sus desplazamientos para atender el nido, el uso de vertederos y granjas intensivas disminuyó significativamente. En estos meses críticos, las aves se apoyaron casi exclusivamente en recursos cercanos vinculados al manejo ganadero tradicional, lo que sugiere que la disponibilidad espacial de alimento en el entorno inmediato a las colonias resulta determinante para el éxito reproductivo.
Variabilidad individual: estrategias diferenciadas
El estudio también documenta heterogeneidad conductual entre individuos de la misma colonia. Algunos buitres mostraron especialización en fuentes predecibles como vertederos, mientras que otros dependieron casi completamente del ganado extensivo. Esta variabilidad estuvo correlacionada con los patrones de movimiento: los individuos que realizaban desplazamientos largos visitaron con mayor frecuencia instalaciones ganaderas intensivas, mientras que los más sedentarios mantuvieron una dieta basada en pastos y explotaciones tradicionales.
Esta diversidad de estrategias refleja una notable plasticidad ecológica, pero también expone a distintas subpoblaciones a riesgos diferenciados. La frecuentación de vertederos e instalaciones industriales implica mayor exposición a residuos no orgánicos, fármacos veterinarios —como los antiinflamatorios no esteroideos (NSAIDs) que han causado colapsos poblacionales en Asia y África—, tóxicos y colisiones con infraestructuras. Por el contrario, los sistemas extensivos ofrecen alimento más natural, disperso y alineado con el funcionamiento histórico del ecosistema.
Implicaciones para la conservación: ganadería tradicional como infraestructura ecológica
Investigaciones previas ya habían alertado sobre las consecuencias del declive de la ganadería extensiva en la biodiversidad asociada a ambientes agroganaderos. Este nuevo trabajo aporta evidencia cuantitativa robusta: mantener sistemas ganaderos extensivos no es solo una cuestión cultural o paisajística, sino una necesidad ecológica para garantizar la viabilidad poblacional del buitre leonado.
En un contexto de despoblación rural acelerada y reconversión del modelo agrario hacia intensificación o abandono, las políticas de conservación deben integrar el apoyo explícito a la ganadería tradicional. No se trata de nostalgia o preservación folclórica, sino de una inversión estratégica en resiliencia ecológica, salud ambiental y mantenimiento de redes tróficas funcionales.
Los buitres, al eliminar carroña de forma eficiente, previenen brotes epidemiológicos, reducen la huella de carbono asociada a la gestión industrial de cadáveres animales y cierran ciclos biogeoquímicos. La ganadería extensiva, por tanto, no solo sustenta especies carroñeras: estructura paisajes multifuncionales que proveen múltiples servicios ecosistémicos simultáneos.
Referencia científica:
Fernández-García, J.M., Jauregui, N., Olano, M., Iriarte, E., Ugarte, J., Lekuona, A., Martínez, J.M., Oliva-Vidal, P., Margalida, A. 2026. GPS and Accelerometer Data Reveal the Importance of Extensive Livestock Grazing in the Trophic Ecology of Griffon Vultures in Northern Spain. Conservation 2026, 6, 5.
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Más información: Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC)






