Las especies pirófitas o pirófilas son especies vegetales, que como su etimología dice, les gusta el fuego. Les gusta el fuego básicamente porque ellas son capaces de soportar un incendio. Esto es un ventaja en sitios y climas donde los incendios son recurrentes, ya que las especies que no soportan esos fuegos mueren y dejan ese nicho, ese espacio, para especies “resistentes” al fuego. Además, las especies que sobreviven a esta perturbación van a tener a su disposición, por norma general, gran cantidad de nutrientes procedentes de las propias cenizas y otros restos orgánicos quemados.

Las áreas geográficas con más incendios forestales son en aquellas con climas áridos y semiáridos, como el clima Mediterráneo. Esto es debido a que existen periodos de altas temperaturas y baja humedad, lo que favorece estos incendios. Así que por tanto, muchas especies de estos climas van a ser pirófilas

En algunos casos, son estas especies pirófitas las que favorecen la propagación del propio incendio. Como ya he comentado que les van bien los incendios… ¡qué mejor que propagarlos! Estas son las llamadas especies propagadoras de incendios. Sobre estas especies escribiré también pronto, así que atentos a la web.

Las características que hacen a las especies pirófitas, son muy diversas, pero a grandes rasgos, las especies pirófilas se pueden clasificar en:

Especies con resistencia pasiva al fuego

Algunas especies tienen características que las hace capaces de soportar incendios poco virulentos sin morir. Estas características puede que no sean específicas para soportar el fuego directamente, pero les ayuda a ello. Expongo tres de las más comunes:

  • Hojas con abundante agua. Por ejemplo: las especies del género Aloe
  • Yemas de crecimiento protegidas con diferentes estrategias.
  • Cortezas con gran espesor de súber. El súber es un tejido vegetal de células muertas que recubre y protege a los vegetales leñosos, sobre todo a los árboles. Si este suber es abundante (cortezas son gruesas y porosas) el interior del árbol queda más aislado del fuego. Por ejemplo: los alcornoques (Quercus suber) y algunos especies del genero Pinus presentan este tipo de resistencia pasiva.

Estas especies con cortezas de gran espesor son capaces de soportar incendios poco virulentos. Sobre todo si no llegan a afectar a las copas, sino que es un incendio que afecte a los estratos de vegetación más cercanos al suelo, los conocidos como incendios de superficie.

Especies pirófitas rebrotadoras

Palmito rebrotand tras incendio en Cabo de Gata

Palmito (Chamaerops humilis L.) rebrotando tras un incendios. En el parque natural de Cabo de Gata, entre Velablanca y el Faro. Fotografía: Javier Rueda Martínez

Las especies rebrotadoras son capaces de quemarse completamente, pero que la raíz y algunas partes del tronco no mueran. Tras un incendio, estas especies son capaces de rebrotar rápido, porque aunque parezca que están muertas, realmente no lo están. Además se aprovechan de que tienen un extenso sistema radicular al servicio de los pequeños nuevos brotes. Así que suelen ser especies que se recuperan rápidamente, rebrotando con bastante vigorosidad. Algunas de estas especies son los eucaliptos (Eucalyptus sp), la encina (Quercus ilex) o el enebro (Juniperus oxycedrus).

A diferencia de las anteriores, para estas especies los incendios de copas no son un problema, ya que en su estrategia de soportar el fuego, dan por perdida  la parte aérea. De hecho a estas especies les favorecen los incendios virulentos de copas, ya que eliminan a otras especies que pueden estar compitiendo con ellas por los recursos.

Entre estas especies pirófilas rebrotadoras podemos encontrar especies que son propagadoras de incendios, como los eucaliptos (Eucalyptus sp).

Especies pirófilas germinadoras o semilladoras

Por último tenemos a un grupo de especies que sus individuos si mueren tras un incendio, pero que tienen unas semillas que aguantan perfectamente los fuegos sin perder su capacidad de germinación. Estas especies son las que aguantan los incendios más fuertes, ya que no les importa que todo quede arrasado. Ellas confían en que tras la muerte de todas las especies, sus semillas van a ser las primeras en colonizar, porque ya están ahí y no han muerto con el fuego. Entre estas especies podemos encontrar el romero (Rosmarinus officinalis), las jaras (Cistus sp), varias especies de pinos (Pinus sp), etc

Para algunas de estas especies, no solo es que las semillas aguanten con vida, sino que les viene genial el fuego para dispersarse. Por ejemplo, algunas especies del género Cistus tienen las semillas en unos receptáculos que explotan con altas temperaturas. Esta “explosión” hace que las semillas salgan disparadas, aumentando con ello su capacidad de dispersión. Otro ejemplo de estos son los pinos, ya que las piñas también se abren con altas temperaturas, liberando así los piñones.

Dentro de estas especies pirófitas germinadoras o semilladoras, también las hay que propagan los incendios, como por ejemplo el caso del pino carrasco o pino de Alepo (Pinus halepensis). En un incendio, no solo es que las piñas se abren liberando los piñones, sino que además las propias piñas con fuego salen despedidas a varios metros de distancia. Esto provoca nuevos fuegos, ya que las piñas encendidas caen al suelo entre restos de pinaza seca que aún no estaba encendida.

Especies rebrotadoras facultativas

Hay especies que combinan ambas estrategias, como por ejemplo los eucaliptos, que además de ser rebrotadores, tienen cápsulas termodehiscentes (de las que explotan con el fuego) para mejorar la propagación de las semillas durante un incendio.

Los incendios forestales son devastadores para muchos animales y para el ser humano, tanto a nivel socioconómico como emocional. Pero como acabamos de ver, muchas especies vegetales son capaces de resistir, recuperando sus poblaciones poco después.

Breves apuntes sobre las especies pirófitas y la Restauración ecológica de Ecosistemas afectado por incendios forestales

Cuando se va a restaurar un ecosistema tras una afección severa, como puede ser un incendio forestal, hay que conocer muy bien las especies de dicho ecosistema. En el clima donde los incendios forestales son recurrentes y hay especies adaptadas a ellos, lo mejor es esperar, ya que el propio ecosistema está adaptado a recuperarse solo. Cualquier intervención sobre el mismo hay que hacerla con extremo cuidado para no interferir en procesos ecológicos muy frágiles, como son el rebrote tras un incendio y la germinación de semillas en suelos muy susceptibles a la degradación, ya sea por perdida del mismo o por compactación.

Esto no quiere decir que la figura del Restaurador de Ecosistemas no sea importante, sino todo lo contrario. Ya que es necesario estar vigilante sobre los procesos clave, que pueden marcar que un sistema se degrade mucho o se recupere solo, o casi solo. En el caso de que haya afecciones graves que limiten la capacidad de las especies para germinar o rebrotar, como puede ser la perdida de suelo, entonces sí que habrá que tomar medidas y actuar justo cuando sea necesario.

Imagen destacada: Madroño (Arbutus unedo L.) rebrotando tras un incendio forestal. Localización: Navas de Estena, en el parque Nacional de Cabañeros. Fotografía: Juan Luis Hidalgo Cardos

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