Mientras el mundo conmemora el Día Internacional de los Buitres, una carta publicada en Science revela una paradoja mortal: los fármacos diseñados para aliviar el dolor en el ganado están exterminando sistemáticamente a las aves carroñeras más eficientes del planeta.
Una catástrofe ecológica que se repite
El colapso de las poblaciones de buitres del sur de Asia en los años 90 parecía una lección aprendida. El diclofenaco, un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) aparentemente inofensivo para el ganado, resultó ser veneno puro para estas aves. Países como India, Nepal y Pakistán reaccionaron prohibiendo su uso veterinario en 2006, seguidos por Bangladesh, Irán, Camboya y Omán.
Sin embargo, la realidad es más sombría de lo esperado. Tras casi dos décadas de medidas regulatorias, los avances han sido desalentadoramente limitados. El mercado negro de diclofenaco persiste, y nuevos AINEs tóxicos han tomado el relevo sin la debida evaluación de riesgo para la fauna silvestre.
El caso español: autorizando lo prohibido
España presenta un caso paradigmático de descoordinación regulatoria. En 2013, siete años después de que Asia prohibiera el diclofenaco por sus efectos letales en buitres, las autoridades españolas lo autorizaron para uso veterinario. El país, que alberga el 90% de los buitres europeos, se convirtió así en un laboratorio involuntario de toxicología aviar.
Los resultados no tardaron en manifestarse. Antoni Margalida, del CSIC e investigador del IREC, documenta la presencia de diclofenaco, ketoprofeno y flunixina tanto en cadáveres de ganado utilizados como alimento en comederos como en el plasma sanguíneo de buitres muertos. «La normativa española sobre los AINEs ha demostrado ser ineficaz», sentencia el científico.
El vacío regulatorio global
Rhys Green, de la Universidad de Cambridge y la Royal Society for the Protection of Birds, identifica el núcleo del problema: ningún país con poblaciones significativas de buitres cuenta con protocolos ágiles basados en evidencia científica para retirar AINEs veterinarios una vez demostrada su toxicidad. Peor aún, tampoco exigen pruebas de seguridad específicas para buitres antes de aprobar nuevos fármacos.
Esta laguna regulatoria ha permitido que AINEs como flunixina, ketoprofeno, nimesulida y aceclofenaco permanezcan disponibles en el mercado durante años, incluso décadas, después de establecerse su toxicidad para las aves carroñeras. Bangladesh prohibió el ketoprofeno recién en 2021, India eliminó ketoprofeno y aceclofenaco en 2023, y la nimesulida en 2024, más de diez años después de conocerse sus efectos letales.
Solo dos fármacos seguros en todo el arsenal veterinario
En el vasto catálogo de antiinflamatorios veterinarios, únicamente el meloxicam y el ácido tolfenámico han demostrado ser seguros para los buitres. Paradójicamente, ninguno de estos estudios de seguridad fue financiado por la industria farmacéutica, revelando una desconexión entre los beneficios económicos de estos medicamentos y la responsabilidad ambiental de sus productores.
Los servicios ecosistémicos en riesgo
Los buitres no son simplemente especies carismáticas dignas de protección; son ingenieros ecosistémicos irreemplazables. Su capacidad para eliminar cadáveres y controlar plagas hace de estas aves carroñeras pilares fundamentales de la salud ambiental. Su declive no solo representa una pérdida de biodiversidad, sino el colapso de servicios ecosistémicos valorados en millones de euros anuales.
Hacia una regulación urgente
La Convención sobre las Especies Migratorias incluye entre sus estados miembro a India, Pakistán, Bangladesh, España e Italia. Con la próxima conferencia de la CMS programada para marzo de 2026, estos gobiernos y sus industrias farmacéuticas tienen una oportunidad histórica para demostrar compromiso real con la conservación.
Los científicos no piden la prohibición de los antiinflamatorios veterinarios, sino una regulación basada en evidencia que considere el impacto en la fauna silvestre. En un planeta donde las especies desaparecen a ritmo acelerado, salvar a los buitres no es solo un imperativo ético, sino una necesidad ecológica.
Referencia científica: Margalida, A., Green, R. E. 2025. Vulture conservation requires NSAID regulation. Science 389, 984-984.






